“Si coincidimos en el anhelo sincero y profundo de alcanzar una sociedad justa, en la que podamos convivir en armonía y la vida digna no sea un privilegio de pocos sino un derecho para todos y todas, ¿qué nos impide lograrlo? ¿somos acaso víctimas de un embrujo inevitable?”, interpela el presidente de Cáritas Argentina, monseñor Fernando María Bargalló, obispo de Merlo-Moreno, en el editorial del periódico Huellas de Esperanza.
Para el prelado no es “nada de eso”, sino que el problema radica, asegura, en que “como país, estamos inmersos en una compleja crisis cultural, moral y religiosa".
Tras preguntar “qué podemos hacer, cada uno de nosotros, para mitigar esta crisis y ayudar a concretar aquel deseo”, y “cuál será nuestro aporte en vistas a un Bicentenario ‘en justicia y solidaridad, sin pobreza ni exclusión, sin enemistades ni violencias’", considera que “a la luz de nuestra misión en Cáritas, necesitamos reflexionar para discernir de qué manera podemos multiplicar los talentos que el Señor nos confió, en el desafío de ser presencia viva de la Iglesia en medio de los pobres”.
El prelado recuerda que “la vida cristiana no surge de una mera decisión ética o moral, sino del encuentro con Jesús”, y asegura que por este seguimiento “el Maestro nos va contagiando sus mismos sentimientos, su amorosa predilección hacia los hermanos más pequeños y desamparados. Porque, lo sabemos también, nuestra fe en Jesús quedaría renga si no nos llevara a la opción preferencial por los pobres”.
“Él nos empuja a ir a su encuentro con cercanía fraterna, acrecentando nuestro amor y responsabilidad para con ellos”, subraya.
Monseñor Bargalló sostiene que “en esta convicción, somos conscientes que nuestra misión como Cáritas no consiste tanto en ‘dar’, sino en ‘darnos’ a nosotros mismos como don al hermano y descubrir junto a él que la fuerza del amor es circular. Al tiempo que nos damos, recibimos; al tiempo que ayudamos a crecer, crecemos también porque aprendemos de los demás; al tiempo que consolamos salimos fortalecidos por la firme esperanza que nos testimonian los humildes y sencillos”.
Y sugiere que “si en algún momento las dificultades cotidianas nos confunden al punto de sentir que no estamos seguros acerca del rumbo de nuestro servicio”, sería bueno que preguntarse: “¿favorezco el protagonismo de los pobres con el granito de arena de mi trabajo en Cáritas? ¿promuevo de algún modo la vida digna y plena de mis hermanos más excluidos? ¿soy testimonio del amor gratuito e incondicional de Dios?”
“Buscar con Jesús las respuestas a estas preguntas, nos ayudará a reorientar nuestro compromiso de amor y nos renovará interiormente para seguir adelante, confiados en que El camina siempre a nuestro lado y está presente en el rostro de cada hermano necesitado”, concluye.















